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Cómo hacer una ducha relajante

Por Laura Ruiz. Actualizado: 16 enero 2017
Cómo hacer una ducha relajante

Es reconfortante llegar a casa y tomar una buena ducha cuando acaba el día. Hay quien la prefiere por la mañana, como un hecho imprescindible para encararse a la rutina con los ánimos renovados. A pesar de que esa una pieza fundamental para nuestra higiene diaria, quizás no le demos la importancia que en realidad tiene, lo hacemos mecánicamente, sin ser conscientes de los beneficios que aporta en nuestra salud una ducha tomada adecuadamente.

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Pasos a seguir:
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Si seguimos unos consejos muy simples por seleccionar la temperatura ideal y la intensidad del agua, la ducha puede proporcionar atenciones inestimables al organismo y puede servir como complemento al tratamiento de algunas infecciones.

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La diferencia esencial entre el baño y la ducha es que esta última proporciona una corriente continua de agua sobre la piel, la renovación constante evita que la suciedad se estanque, por tanto, la ducha es la manera más eficaz de lavar el cuerpo. Esta característica también tiene la ventaja que proporciona una gran cantidad de calor o de frio al interior del cuerpo, y funciona como un estimulante único para los sistemas neurovegetativos y circulatorio.

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El agua caliente dilata los vasos sanguíneos y relaja los músculos vasculares, con lo que el efecto sedante es óptimo. Esta ducha es especialmente rcomendable para facilitar el descanso nocturno, ya que libera la tensión acumulada durante la jornada.

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El agua fría, al contrario contrae los vasos de la piel y estimula la irrigación sanguínea y el sistema nervioso, eliminando el cansancio tanto físico como psíquico. La combinación ideal tendria que consistir, por tanto, agua caliente primero y, poco a poco agua fría después para favorecer la circulación.

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Tiene una importancia trascendental respetar el orden en el que se tiene que dar en la ducha par que se acentuen los resultados. Al principio la intensidad del agua debe de estar en un término medio, a la temperatura de nuestro cuerpo, y aumentar después tanto la intensidad como la temperatura.

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Primero dejaremos caer el agua por todo nuestro cuerpo, poniendo atención en aquellas zonas con los músculos doloridos o tensos. Lentamente, iremos disminuyendo la temperatura hasta acabar la ducha con agua fresca.

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Hay que empezar por la cara, los pies o las manos, seguiremos poco a poco por el cuerpo bajaremos por la extremidades y así todo el cuerpo.

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Si sigues estos pasos tan simples, el agua fría te parecerá cada vez más agradable y te proporcionará una agradable sensación de frescor y libertad.

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